miércoles, 15 de junio de 2011

"Atontao"

Anthony Weiner, congresista americano

No se me ocurre un apelativo más suave con el que describir al sujeto de mi reflexión, que el de “atontao”. En el caso de este congresista norteamericano, el atontamiento viene agravado por el cargo público, la carga mediática y las manos en la cabeza de sus escandalizados votantes, que se preguntan en quién depositan su futuro y sus haciendas.

Pero no es este “pavo” el que me preocupa, allá él y sus subidones de ego descontrolado. Lo que me preocupa y mucho, es la escuela de donde viene y que está repletita de replicantes. El culto al cuerpo en nuestra sociedad viene siendo ya cuasi enfermizo desde que nuestra imagen dejó de ser solo un reflejo en el espejo, para convertirse en un cromo del escaparate digital. Todos queremos ser más altos, más guapos, con los pechos y culos más perfectos y sin arrugas delatadoras; y de ahí al “porque yo lo valgo”, hay un pasito chico, tan chico, que a veces, como al “atontao”, metido en la burbuja de la intimidad de un vestuario, se le trastoca la vara de medir consecuencias y se retrata impúdicamente para compartir su poderío (en la intimidad), con sus fantasías animadas, convertidas en realidades de carne y hueso que le acaban sacando los colores.

Y cuando pasa lo que pasa, “mecachis, me han pillado”, a llorar desconsolado, a entonar el “mea culpa” y al no me voy porque me gusta el cargo y otros tampoco se fueron en peores circunstancias. Y tan contento.

Mientras tanto, nuestras juventudes infantiles, adolescentes y no tanto, ya llevan tiempo coqueteando con su imagen: con el móvil, con la camarita digital o con la enchufada al ordenador, que les permiten de manera casi instantánea convertirse en cromos del inmenso álbum digital en que se han convertido las redes sociales; divertimento inocente en su origen y de incalculables y nefastas consecuencias en cantidad de ocasiones.

Solo hay que echar un vistazo a los multimedios de comunicación para observar la cantidad de “atontaos” activos y pasivos que ven destrozadas sus vidas, algunos incluso literalmente, a causa de un cromo comprometedor que revolotea incontrolable por el ciberespacio.

Nuevas asignaturas en la Escuela o antiguas asignaturas adaptadas a la realidad. Por ahí habría que empezar, si no queremos ver a nuestros sucesores viviendo en el canto del espejo sin saber cual es el lado bueno.